Adolfo Mejía

Equilibrio de la música regional y la académica

La trayectoria artística de Adolfo Mejía (Sincé, Sucre, febrero 5 de 1905 Cartagena, julio 6 de 1973) es muy representativa de las alternativas y opciones que nuestro medio musical ofrecía durante la primera mitad del siglo XX. Después de una iniciación musical familiar y una mediana educación formal en Cartagena, Mejía incursionó en la práctica musical como director, compositor, arreglista y guitarrista combinando varios estilos, el jazz, la música de baile y los pasillos y bambucos colombianos. Viaja a Nueva York en 1930 y allí permanece dos años participando de la activa vida musical de la colonia hispanoparlante cercana a las emisoras y estudios de grabación de la NBC, la Columbia y la Víctor.

Su primera influencia estilística es el nacionalismo de Jesús Bermúdez Silva, su profesor en el Conservatorio Nacional; sin embargo, no desdeña lo aprendido en Nueva York y se vincula a la emisora Ecos del Tequendama, la primera fundada con ánimo de difusión de la música nacional. Dos de sus principales logros vienen en ese momento en cada uno de los campos musicales que cultivaba. En el terreno de lo popular, compone la canción Cartagena (1933), con texto de Leonidas Otálora, producto de su trabajo en la emisora y que en su melodía y acompañamiento exhibe el esquema rítmico de la danza caribeña y que se sitúa dentro del repertorio del bolero, uno de los principales géneros musicales latinoamericanos en las décadas centrales de siglo. En lo académico obtiene con su obra nacionalista Pegueña Suite(1938) el premio nacional de composición Ezequiel BernaL  Los tres movimientos de esta obra orquestal están basados en diferentes esquemas rítmicos y melódicos de la música tradicional colombiana. El primero en el ritmo de bambuco, el segundo llamado «Torbellino y marcha» en el esquema armónico del primero y el movimiento final «cumbia» usa los esquemas escalísticos de la flauta de millo y la popular melodía de la copla tradicional «Sapo, ese hijo es tuyo y en la cara se parece a tí».

Como resultado de este premio en 1939, Mejía obtiene una beca para viajar a Francia a continuar sus estudios musicales, pero el estallido de la segunda Guerra Mundial no le permite realizar sus planes y después de una breve estadía en Francia a Italia regresa a América a través de Brasil, en donde conoce a Leopold Stokowski, y viaja a Nueva York de nuevo con él y la American Youth Orchestra. Después de la guerra, en 1945, regresa a Cartagena, donde con otros intelectuales y artistas establece la Sociedad Musical Pro-Arte y continúa su carrera musical en lo popular y académico, y en la década de los años cincuenta como director del Instituto Musical y de la Banda de la Marina, a la que contribuye con el conocido himno de esta institución ¡Viva Colombia, soy marinero! De esta época datan sus Acuarelas colombianas, otra obra de inspiración nacionalista para orquesta de cuerdas y sus obras para piano, publicadas en 1990. Estas contienen piezas abstractas, como sus Preludios, de inspiración post-romántica a impresio nista; uno de ellos,  Luminosidad de aguas (ca. 1949), fue compuesto para el famoso arpista Nicanor Zabaleta, quien lo estrenó en su visita a Colombia ese año. Los demás, de inspiración nacionalista, incluyen esquemas rítmicos y melódicos de los géneros de la música tradicional colombiana (pasillos, bambucos), al igual que latinoamericana, como la zamba argentina. En 1970 Mejía obtuvo el Premio Nacional de Música y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Cartagena. Sus logros, modestos pero significativos, están basados en su talento natural y en su intenso quehacer como músico práctico: no es producto de ninguna escuela musical formal, sino del medio en que siempre se ha desenvuelto el músico profesional colombiano .

por: Egberto Bermúdez

Tomado de la revista Credencial Historia No. 120, diciembre de 1999

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